
El fútbol femenino es una disciplina deportiva que durante mucho tiempo, ha vivido entre los estigmas sociales que hay en el país por diversos factores culturales. No fue hasta 1996, cuando la Federación Peruana de Fútbol (FPF) organizó el primer torneo nacional del deporte. Sin embargo, ya 1952 el del Universitario de deportes formó el primer equipo femenino formado como tal, y luego, consiguieron el tricampeonato en 2001, 2002 y 2003. (Infobae, 2023)
A la actualidad, la tabla de posiciones de la Liga Femenina de Fútbol peruana, los equipos que ocupan los tres primeros lugares son (Futbol peruano, 2026):
- Universitario de deportes con 22 puntos
- Sporting Cristal con 21 puntos
- Atlético Andahuaylas con 19 puntos

La realidad y el despertar de la hinchada
El camino de las divisiones menores hacia la consolidación profesional aún enfrenta limitaciones materiales y personales. De acuerdo con Chirinos, T. (2022), las futbolistas locales enfrentan severas limitaciones en términos de recursos institucionales, problemas de logística y prejuicios sociales latentes que impactan directamente en su desarrollo. Al contrastar esta realidad académica con su cotidianidad, Isabella Sunción, jugadora del Universitario de deportes en la categoría sub-20, detalla las dificultades de equilibrar su formación profesional con las exigencias del Universitario de deportes:
“La verdad siempre en mi caso he estado en esa lucha del estudio y el deporte para llevarlos al mismo tiempo ya que es un sacrificio la verdad los horarios de entrenamiento, los horarios de estudio pues han sido muchos sacrificios la verdad porque llevo intentando esto creo que desde que terminé el colegio sigo desde ese momento y bueno actualmente que estudio una carrera universitaria y a la vez estoy en el fútbol pues primero que nada horas de sueño”.
No obstante, el crecimiento del fútbol femenino en el Perú se ha visto impulsado de forma directa por la respuesta del público en los estadios, rompiendo marcas históricas como los más de 30 mil espectadores que asistieron al clásico del 25 de agosto de 2024. Por ello, Isabella destaca el rol determinante que posee el fanático local para el desarrollo de la disciplina en el país:
“Yo creo que aquí la hinchada ocupa bastante espacio aparte de lo que son las asesorías [...] siento que justamente este año hemos abierto el espacio fundamental para el fútbol femenino y para que la gente pueda ir y eso es un paso súper importante, porque así sea clásico o no, así sea cualquier rival, el equipo va a estar súper agradecido con la hinchada de que esté ahí presente, porque de una u otra forma te respalda, te da, te motiva”
Desde la mirada de la prensa: fútbol como plataforma de igualdad
La disparidad en la cobertura periodística también representa un freno crítico para la consolidación de la disciplina. Un estudio especializado de Ortiz, P. et al (2024). Revela que la prensa deportiva tradicional peruana suele asignar espacios marcadamente reducidos, breves y superficiales al balompié jugado por mujeres. Al respecto, el periodista y docente Alfonso Zúñiga coincide en que el sector de las comunicaciones tiene una gran deuda pendiente:
"...con relación al fútbol femenino, yo creo que se le da un contenido secundario, no es de mi agrado ni comparto eso, es solo la realidad y no solamente en el torneo local, sino a nivel mundial”. A ello, concluye explicando la perspectiva financiera del sector: “el sponsor paga por clicks, paga por por views, paga por el rating point, no, paga por eso. Entonces, el pecho de un jugador masculino cuesta, no sé, cuatro o cinco veces más que el de una jugadora por el tema de los auspicios", puntualiza el especialista.
Más allá de la competencia en la cancha, el futbol femenino se ha consolidado en el Perú como una poderosa herramienta de transformación social. Durante la previa del clásico entre Alianza Lima y Universitario de Deportes en el estadio Alejandro Villanueva, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) lideró una jornada de sensibilización en el marco del Día Internacional del Fútbol Femenino. En este evento, niñas y adolescentes de los Centros de Acogida Residencial del MIMP recorrieron el gramado portando mensajes firmes a favor de la igualdad de oportunidades. Al respecto, el periodista y docente Alfonso Zúñiga analiza el impacto de estas iniciativas:
"...creo que es un tema cultural, que si nosotros mismos empezamos a apoyar, viendo, compartiendo, alentando [...] Apoyar desde donde nos toca. Si eres padre, familia, apoyar", puntualiza el especialista.
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Diagnóstico reflexivo: Barreras estructurales, brechas de mercado y el futuro del fútbol femenino en el Perú

El primer gran obstáculo que enfrenta la disciplina en el entorno nacional no se juega en las canchas de fútbol, sino en las estructuras mentales de la sociedad. Históricamente, el ecosistema deportivo peruano ha estado regido por un arraigado sesgo de género que distribuye las disciplinas según roles preestablecidos. Al respecto, el periodista y docente de la Universidad de Lima, Alfonso Zúñiga, apunta al núcleo de esta problemática señalando que se trata, fundamentalmente, de un fenómeno heredado:
“La sociedad ha estado acostumbrada a determinado sexo para determinado deporte, no creo que no debería ser así, pero bueno, es, claro, va más que todo por un tema cultural casi”.
Este condicionamiento cultural no solo limita las opciones de desarrollo de las niñas desde la infancia, sino que además moldea la percepción del consumidor deportivo general, que asume de manera inconsciente que ciertas disciplinas pertenecen exclusivamente al ámbito masculino. Desarmar este paradigma requiere un esfuerzo conjunto que empiece desde el núcleo más íntimo del tejido social: el hogar. Zúñiga enfatiza que la transición hacia una equidad real solo se logrará en la medida en que la ciudadanía asuma una postura proactiva y de respaldo cotidiano. Cuando la familia se convierte en el primer auspiciador del talento sin distinción de género, se genera un blindaje emocional que le permite a la atleta juvenil persistir a pesar de las resistencias del entorno exterior.
El testimonio de Isabella, arroja luz sobre una transformación interna silenciosa pero crucial dentro de las instituciones deportivas más grandes del país. Hace solo unos años, las divisiones menores del fútbol femenino operaban bajo una lógica de autofinanciamiento o formato de academia recreativa, donde las deportistas debían costear su propio derecho a entrenar. Isabella relata de forma literal cómo era esta dinámica en el pasado no tan lejano del club crema:
“lo que era fútbol femenino el equipo de sub-20 y sub-16 tenías que pagar tu, así como academia, tu pensión mensual que era 40 soles, 80 soles, actualmente ya no, ya no obviamente es gratis”.
Este cambio de paradigma, pasar de un modelo de "academia pagada" a un régimen de formación gratuita y profesionalizada, marca un hito institucional. Denota que la dirigencia ha comenzado a entender que las canteras no son un gasto logístico residual, sino un activo estratégico a mediano y largo plazo. La gratuidad de los entrenamientos democratiza el acceso al deporte rey, permitiendo que talentos de diversos sectores socioeconómicos puedan ser captados sin que el factor monetario sea una barrera de exclusión. No obstante, este avance aún coexiste con las severas limitaciones de infraestructura que describe Chirinos (2022), donde se advierte que las disciplinas femeninas todavía deben competir por horarios de entrenamiento marginales o compartir espacios reducidos en comparación con sus pares masculinos.
Para comprender por qué la brecha salarial y de condiciones sigue siendo tan profunda, es imperativo analizar la fría lógica del mercado de patrocinios y derechos de televisión. Las buenas intenciones no sostienen ligas profesionales; los contratos comerciales sí. El profesor Alfonso Zúñiga desmitifica la visión idílica del negocio deportivo al explicar de manera cruda cómo funciona el retorno de inversión para las marcas privadas en el contexto local e internacional. Esta asimetría comercial genera un círculo vicioso perverso: como los medios tradicionales asumen que el fútbol femenino genera menos clics y reproducciones, le otorgan coberturas marcadamente secundarias o marginales. Al no haber exposición mediática masiva, las grandes corporaciones se muestran reticentes a invertir sumas considerables en los pechos de las camisetas femeninas, perpetuando la escasez de recursos económicos para contratos profesionales dignos. Romper este círculo requiere cambiar la métrica de consumo. Si el aficionado empieza a consumir masivamente los contenidos digitales del fútbol femenino, el "clic" se convierte en una herramienta de presión económica que obliga al patrocinador a equiparar las inversiones y revalorizar el mercado de las atletas.
Detrás del espectáculo de los noventa minutos en la cancha, existe una rutina extenuante y desestabilizadora que las jugadoras de las categorías formativas deben sobrellevar en absoluta reserva. A diferencia del fútbol masculino de primera división, donde los jóvenes de las canteras suelen dedicarse con exclusividad al deporte, la futbolista peruana de la categoría sub-20 se ve obligada a sostener una extenuante dualidad entre las aulas universitarias y el alto rendimiento. Isabella describe con precisión matemática la desgastante agenda que marcó sus inicios en la búsqueda de una oportunidad en el club:
“Yo en el 2024 estuve en la academia y postulando a universidades estatales y el plan era como colegio 7 de la mañana hasta 6 de la tarde más o menos y yo de ahí tenía entrenamiento de 7 de la noche a 9 de la noche entonces era una cosa bastante caótica y de ahí regresaba a mi casa a 9 y media y tenía que planear antes de las 12 porque tampoco me podía quedar mucho tiempo para poder acostarme a estudiar un poco lo que había visto en el día para lo que era el examen de admisión y también corregir mis horas de sueño”.
Esta sobrecarga horaria atenta directamente contra los pilares biológicos indispensables para cualquier deportista de élite: el descanso, la alimentación balanceada y la salud mental. El proceso de recuperación muscular y la prevención de lesiones crónicas exigen un orden estricto de sueño y nutrición que es prácticamente imposible de cumplir cuando se deben sacrificar madrugadas enteras para cumplir con las exigencias académicas. Isabella lo resume de forma transparente al detallar el impacto de esta realidad en su vida diaria:
"a veces los trabajos demandaban que me tendría que amanecer o tenía que quedarme más tiempo despierta y no coordinada con los horarios de sueño que tiene que tener una deportista donde tienes que descansar completamente para tú estar al día siguiente repuesta para poder entrenar y darlo todo".
El costo de este desgaste no es solo físico; es un factor de deserción prematura donde muchas jóvenes talentosas terminan abandonando sus carreras deportivas ante la imposibilidad de sostener este ritmo caótico sin un soporte institucional integral. Frente a las demandas locales por mejores condiciones, el panorama internacional sirve como un faro de lo que es posible alcanzar cuando una liga se consolida comercial e institucionalmente. En su reflexión final, Isabella evoca el paradigmático caso de la selección nacional femenina de los Estados Unidos, una potencia global que logró conquistar la igualdad salarial frente a su par masculino gracias a una estrategia basada en la contundencia de las métricas de rendimiento y taquilla:
“...un dato fue que hubo un tiempo en el que la selección de EEUU le preguntó por qué no cobraban lo mismo que la selección de hombres y les pidieron hechos y hechos había, porque ahora es una potencia la selección de EEUU. Les dieron trofeos, triunfos, números, tenía bastantes evidencias y yo creo que eso también sería algo que acá puede aplicar más, de que la gente vaya a ver, que la gente vaya a los estadios, que la gente vaya a apoyar, porque así como es para los hombres, para las mujeres puede ser lo mismo”.
Esta analogía pone en evidencia que el crecimiento de la disciplina en el Perú requiere mutar desde la lógica del asistencialismo hacia la lógica del rendimiento y el respaldo popular sostenible. Cuando la hinchada responde llenando las tribunas, como ocurrió en el histórico clásico con más de 30 mil espectadores o en las jornadas de sensibilización del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), se le dota al fútbol femenino de un peso político y comercial incuestionable. La asistencia masiva despoja a las dirigencias de cualquier argumento basado en la supuesta "falta de rentabilidad" del torneo de mujeres, transformando cada boleto pagado en un voto de confianza y una exigencia de profesionalización definitiva. Finalmente, la sostenibilidad a largo plazo de este cambio cultural depende de la forma en que las futuras generaciones de comunicadores decidan retratar y narrar el deporte femenino. La prensa tradicional ha mantenido durante décadas una inercia informativa que relega el balompié de mujeres a breves notas de resultados o coberturas anecdóticas desprovistas de análisis técnico, una realidad documentada de manera rigurosa por Ortiz, P. et al (2024). Es en este espacio de debate donde la labor pedagógica de docentes como Alfonso Zúñiga adquiere un valor estratégico central, interviniendo de forma directa en el criterio editorial de sus estudiantes universitarios para forzar una transformación de las agendas periodísticas desde la base formativa:
“Bueno, pues, bueno, ¿qué me toca? Pues decirle, amigos, hoy se hace una nota, solamente, al equipo femenino. Vayan, con fe, queridos amigos”.
Esta consigna académica no es menor. Al obligar a los futuros redactores, reporteros y directores de medios a cubrir los entrenamientos en Campo Mar o donde sea, con el mismo rigor conceptual, respeto táctico y despliegue técnico que se le asigna habitualmente al torneo masculino, se empieza a quebrar la barrera de la invisibilidad. El nuevo periodismo deportivo tiene la misión ética de construir una narrativa que no victimice a la futbolista por las carencias del sistema, sino que ponga en valor su alta competencia, sus destrezas técnicas y su rol como referente social para miles de niñas en todo el país. Solo mediante este cambio discursivo y comercial, el fútbol femenino peruano dejará de ser considerado un eterno proyecto de buena voluntad para consolidarse como una industria deportiva autosuficiente, justa y plenamente profesional.
Mirar el fútbol femenino peruano con visión de futuro implica proyectar una industria que trascienda la coyuntura del entusiasmo inicial y se asiente sobre bases institucionales inquebrantables. Hacia la próxima década, el gran salto cualitativo no dependerá de la buena voluntad de los dirigentes de turno, sino de la edificación de un modelo de negocio totalmente autosostenible. La meta de cara al mañana debe apuntar a la descentralización absoluta de los recursos económicos, logrando que los contratos profesionales a tiempo completo dejen de ser un beneficio exclusivo de los clubes grandes de la capital y se transformen en el estándar obligatorio para cualquier equipo de la primera división nacional. El mercado del patrocinio evolucionará inevitablemente: las marcas patrocinadoras comenzarán a comprender que invertir en el deporte jugado por mujeres no es un acto de responsabilidad social empresarial o mera caridad, sino un nicho comercial altamente rentable con una audiencia sumamente fiel, orgánica y en constante expansión digital. Con la llegada de nuevas plataformas de transmisión por streaming y la consolidación de los derechos de televisión en señal abierta, el valor de la pauta publicitaria se reajustará, permitiendo que los ingresos por transmisiones inyecten el capital necesario para mejorar los salarios, asegurar pólizas de seguro médico integrales y garantizar que las futbolistas peruanas puedan dedicarse de forma exclusiva al alto rendimiento sin la necesidad de fragmentar sus vidas entre múltiples empleos informales o extenuantes jornadas de estudio simultáneo.
En el plano formativo, el futuro del fútbol femenino se jugará en la descentralización de las visorías y en el desarrollo equitativo de la infraestructura. La transformación que hoy experimentan divisiones menores como la sub-20 debe replicarse de manera masiva en todas las regiones del país. Para los próximos años, el horizonte ideal contempla la creación de centros de alto rendimiento regionales financiados de forma conjunta por la Federación Peruana de Fútbol, los gobiernos locales y la empresa privada. Las canteras dejarán de ser vistas como academias recreativas periféricas; se convertirán en verdaderos laboratorios de talento donde niñas de todas las provincias tengan acceso gratuito a directores técnicos licenciados, preparadores físicos especializados, nutricionistas deportivos y psicólogos de planta. Asimismo, la planificación logística de los clubes de primera división sufrirá una reestructuración obligatoria en la que el uso de los campos de entrenamiento, gimnasios y herramientas tecnológicas de última generación se distribuirá bajo un estricto enfoque de equidad, desterrando de una vez por todas la histórica postergación horaria que sufren las categorías femeninas. Al consolidar un torneo de reservas competitivo y descentralizado, el recambio generacional de la selección nacional estará asegurado, permitiendo que el Perú compita de igual a igual en los torneos sudamericanos e internacionales.
Desde una perspectiva sociocultural, las próximas décadas marcarán la normalización definitiva del fútbol como una disciplina sin distinción de género. Las semillas sembradas por las jornadas de sensibilización del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables darán frutos en una generación de ciudadanas que crecerán sabiendo que las canchas de fútbol les pertenecen por derecho propio. La asistencia masiva a los estadios dejará de ser un fenómeno esporádico ligado únicamente a los clásicos o a las finales del campeonato; acudir a alentar al equipo femenino se convertirá en una costumbre familiar arraigada, capaz de llenar recintos de manera sostenida a lo largo de todo el año. Este cambio cultural impactará directamente en las escuelas públicas, donde los talleres se consolidarán como pilares fundamentales de la educación física formal, rompiendo desde la infancia los estereotipos que encasillan los deportes según el sexo. El fútbol de mujeres ya no necesitará justificarse ni compararse constantemente con el masculino para validar su existencia; brillará con luz propia gracias a una identidad táctica y conceptual única, ganándose el respeto de una sociedad que entenderá que el talento, la disciplina y la pasión no conocen de géneros. El camino hacia el profesionalismo total es un proceso de largo aliento, pero el destino final es completamente irreversible: el fútbol femenino peruano está destinado a convertirse en una potencia continental. Corresponde ahora a las instituciones acelerar el ritmo de esta transformación definitiva e impostergable para alcanzar la ansiada gloria deportiva nacional siempre anhelada y velar por un Perú mejor a nivel deportivo.