Junio afroperuano: una celebración que recuerda el ritmo, la memoria y la identidad del país

foto sacada del EL PERUANO
foto recuperada del EL PERUANO

Durante todo junio, el Perú celebra el Mes de la Cultura Afroperuana con actividades en distintas regiones. Este 2026, la conmemoración está dedicada a Bartola Sancho Dávila, una de las grandes figuras de la marinera limeña.

Junio no solo llega con cambio de clima, casacas más gruesas y cafés calientes. En el calendario cultural peruano, este mes también tiene un significado especial: es el Mes de la Cultura Afroperuana, una fecha que busca reconocer los aportes históricos, artísticos y sociales de la población afroperuana en la construcción del país.

La conmemoración no se queda en el discurso. Este 2026, el Ministerio de Cultura viene impulsando una programación descentralizada con actividades presenciales y virtuales en distintas regiones del Perú. Hay pasacalles, presentaciones artísticas, conversatorios, ferias, exposiciones, música, danza y espacios de reflexión que buscan acercar esta herencia cultural a más ciudadanos.

Y es que hablar de cultura afroperuana es hablar de mucho más que festejo y cajón. Es hablar de historia, resistencia, memoria, tradición oral, gastronomía, espiritualidad, arte y comunidad. También es hablar de nombres que marcaron la cultura nacional, como Nicomedes Santa Cruz, Victoria Santa Cruz, Caitro Soto, Ronaldo Campos y muchas otras figuras que ayudaron a visibilizar una herencia que durante años no siempre recibió el reconocimiento que merecía.

Este año, la edición 2026 está dedicada a Bartola Sancho Dávila, considerada una de las grandes exponentes de la marinera limeña y una figura clave de la tradición afroperuana del siglo XX. Nacida en el histórico barrio de Malambo, en el Rímac, Bartola destacó como bailarina, cantante e intérprete de cajón y guitarra. Su legado quedó marcado en escenarios importantes y en la memoria de artistas que la reconocieron como una referente de elegancia, ritmo y expresión popular.

La elección de Bartola como figura emblemática de este año permite volver la mirada hacia las mujeres afroperuanas que sostuvieron y transmitieron parte importante de nuestra cultura. Muchas de ellas no solo fueron artistas, sino también guardianas de tradiciones familiares, musicales y comunitarias.

Uno de los ejemplos más recientes de esta celebración se vivió en Trujillo, donde el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, promovió un pasacalle por el Mes de la Cultura Afroperuana. La actividad recorrió calles del centro histórico y reunió a instituciones públicas, educativas y organizaciones de la sociedad civil. La música, la danza y las expresiones culturales fueron protagonistas de una jornada que buscó visibilizar los aportes de la población afroperuana al desarrollo cultural, social e histórico del país.

Este tipo de actividades demuestra que la cultura no solo se conserva en museos o libros, también se vive en la calle, en el cuerpo, en el baile, en la música y en la participación de la gente. Un pasacalle puede parecer una celebración simple, pero también es una forma de ocupar el espacio público con memoria e identidad.

El Mes de la Cultura Afroperuana tiene además un valor educativo. Permite que nuevas generaciones conozcan que la historia del Perú no se construyó desde una sola voz, sino desde muchas raíces. La afroperuanidad forma parte de esa mezcla compleja y rica que define al país. Está presente en la música criolla, en la marinera limeña, en el festejo, en el zapateo, en la gastronomía, en las décimas y en expresiones que siguen vivas gracias a familias, colectivos, artistas y comunidades.

Sin embargo, esta conmemoración también invita a mirar los desafíos pendientes. Reconocer la cultura afroperuana no solo significa celebrar su arte, sino también enfrentar la discriminación, el racismo y la invisibilización que aún afectan a muchas personas afrodescendientes en el Perú. La cultura puede ser una puerta de entrada para valorar, pero también para cuestionar lo que todavía falta cambiar.

Por eso, junio se convierte en una oportunidad para escuchar, aprender y participar. No se trata únicamente de aplaudir una presentación de danza o disfrutar una canción tradicional, sino de entender que detrás de cada ritmo hay historia, y detrás de cada expresión cultural hay personas que han mantenido viva una parte esencial del patrimonio peruano.

En un país que suele presumir su diversidad, el Mes de la Cultura Afroperuana recuerda que esa diversidad también debe ser reconocida, protegida y difundida. Porque la identidad peruana no se entiende completa sin el aporte afroperuano.

Este junio, entre música, memoria y celebración, la cultura afroperuana vuelve a ocupar el lugar que siempre le correspondió: el centro de nuestra historia.

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